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Mostrando las entradas etiquetadas como amor

El sentido de las palabras:“te quiero “ y “perdón”

Rememorando su infancia, una mujer me relata cómo a los 4 años vivió  - “una noche que jamás olvidaré” – el momento en que su madre la abandonó. Recuerda todavía su propia angustia, cómo le pedía a su padre que dejara de golpear a la madre y cómo sus demandas no sirvieron de nada. El padre la llevó a vivir con los abuelos paternos, así que en una misma noche ella perdió su madre, su casa y, por extensión, lo que hasta entonces conocía como familia. A ese dolor, tremendo para una niña, se le añadió el dolor del abandono del padre.  Ella recuerda todavía cómo el padre, cuando venía a visitarla, le decía “te quiero”. Y como ella, agarrada a su mano, le imploraba y le suplicaba que no se fuera. En vano. Como adulta, a día de hoy, todavía recuerda el dolor de la espera, la contradicción entre la palabra amorosa y la conducta del padre, su ausencia prolongada. Solemos utilizar las palabras muchas veces sin ser conscientes de lo que para el otro significan, o del con...

Sobre el amor y las relaciones de pareja.

Releyendo a Clarissa Pinkola, “ Mujeres que corren con lobos ”, encuentro este bello relato sobre la Mujer Esqueleto. La historia de un pescador que, creyendo haber pescado un gran pez, descubre,  horrorizado, que en su anzuelo se halla enredado el esqueleto de una mujer. En el cuento aparecen varios elementos simbólicos acerca de la naturaleza del amor, entre ellos, la Mujer Esqueleto significa que en toda relación acontecen momentos de transformación y de cambio.  La autora nos propone un paralelismo: “ una parte de todas las mujeres y de todos los hombres se niegan a saber que en todas las relaciones amorosas la Muerte también tiene que intervenir ”. En efecto, pretendemos que en nuestras relaciones prevalezca siempre la primera fase, el enamoramient o. El momento en el cual todo parece posible, el momento de la ilusión  y también, por supuesto, de la fantasía . Huimos del conflicto, de lo que no es emocionante, de lo que nos asusta. Muchas relaciones termina...

Maternidad: el trabajo más difícil del mundo.

Mi hija mayor cumple 20 años. Rebuscando entre mis escritos, tropiezo una y otra vez con la huella de sus pasos: sus primeros garabatos, sus primeras letras, los dibujos dedicados, las notas de adolescente. No he podido evitar la nostalgia, las ganas de abrazar a la niña que fue,  de sentarla en mi regazo, de llenarla de besos, de atender sus miedos, de acompañar sus logros. Recuerdo su infancia como una época muy difícil para mí…en primer lugar, por la depresión que me atravesó cuando su padre decidió marcharse de nuestras vidas. En segundo lugar, por la dificultad de salir adelante sola, sin abuelos, tíos, primos o amigos en un pueblo donde no conocía a nadie, con dos niños pequeños a mi cargo. En aquél momento, la vida consistía en hacer malabarismos: buscar canguros para que se ocuparan de mis hijos por las mañanas,  dejarles a comer en la escuela , rezar porque no enfermaran. Si había de hacer alguna cosa extra, eso significaba más canguros que se ocuparan de e...

en-REDados en las redes sociales

Los seres humanos necesitamos sentirnos integrados dentro de un grupo social, como la familia o los amigos. Necesidad de pertenencia  y de recibir  afecto dentro de cada grupo. Esto es lo que hace que sea tan importante para nosotros sabernos acogidos por nuestra familia, por nuestros amigos, por nuestros compañeros de trabajo o de estudios.  Saber que pertenecemos a un colectivo nos ayuda a superar los sentimientos de soledad y alienación y nos conecta con el amor y el reconocimiento. La frustración de esta necesidad fundamental da lugar a desajustes personales y a estados psicopatológicos. Estados que serán difíciles de superar y transitar si no aprendemos a reconocer la emoción primaria que nos embarga,  legitimarla y, desde luego, gestionar su expresión. Reconocer  la emoción primaria es una tarea ardua que requiere mucha conciencia y, a menudo, acompañamiento terapéutico. Es necesario que nos preguntemos cómo vivimos la experiencia de la soleda...