Siempre me he vanagloriado de haber conseguido en la vida cuanto me he propuesto. He sido casi todo lo que quería ser, a base de esfuerzo, de mucho esfuerzo y de más esfuerzo. Ahora me siento agotada. Como si hubiera corrida una carrera contra mí misma , una carrera sin fin, cuyo único propósito es el agotamiento, la aniquilación. Y la única meta, mantenerme en marcha, corriendo. De repente la vida, que tiene sus mandatos, me obliga a detenerme. Mi primera reacción, claro, es la rebeldía y la desesperación. Puedo sentir que si me paro el mundo seguirá su marcha sin mí; me quedaré obsoleta, alejada de la actualidad; perderé el tren. Me veo a mi misma en la estación, diciendo adiós a un vagón donde van los demás, sonrientes y felices, mientras yo me quedo atrás, sola. Podría dar la vuelta a esta imagen. Y ver que cuando todos se van, nace la oportunidad de estar conmigo. Descubrir quién soy. Quién soy de verdad, más allá del traje de correcaminos qu...