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Mostrando las entradas etiquetadas como gestion emociones

Vivir es fácil con los ojos cerrados

Es difícil mantener la serenidad en medio de un mundo que parece descomponerse, no sin antes ejercer su última violencia sobre nosotros: violencia económica, violencia política. Un mundo sin ética, donde la mentira goza del respaldo de los medios de comunicación y una mayoría prefiere no saber, no escuchar, no ver, no mirar, no sentir. ¿Cuál es el lugar de la conciencia? ¿Cuál su propósito? La conciencia nos vuelve lúcidos, si, y también vulnerables. Nos coloca en el lugar de la acción, y no de la pasividad. Nos hace ser empáticos con el dolor y el sufrimiento, nos indigna la injusticia, el robo, la mentira, la corrupción, nos desespera la impotencia, la destrucción, la muerte atroz, la guerra siempre, la crueldad. Y mucho más ahora, cuando la presencia de la red de la que somos parte se hace tan evidente; internet nos permite vivir conectados a lo social, a lo externo. Y el momento es convulso y difícil, no sólo a nivel local. A veces, lo social es un espejo que amplifica una...

¿ Quién teme al lobo feroz? Control o gestión de las emociones.

Hace unos días tuve una visita curiosa: una mujer, de unos 58 años, acudió a la consulta con una demanda en particular. Quería aprender a controlar sus emociones ya que, según me dijo, su  incapacidad de hacerlo era la causa que ella identificaba como responsable de todos sus problemas. Semanas más tarde, en un grupo de padres, de nuevo escuché hablar de la necesidad de controlar las emociones. La palabra control significa, entre otras cosas, dominio, preponderancia, inspección, intervención. En este caso, cuando nos referimos a controlar las emociones, estamos expresando la necesidad de que una parte de nosotros ejerza o tome el mando sobre otra parte.  Y esa parte que debe ejercer tal poder la situamos en la capacidad de la mente de racionalizar cuánto nos ocurre. De manera que utilizamos la razón y la lógica para sofocar aquello que, según parece, nos desestabiliza o nos molesta o, cuando menos, nos intranquiliza. En el mismo grupo, a continuación no supieron reconocer...