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Mostrando las entradas etiquetadas como euforia

Los adolescentes y sus emociones: material explosivo.

 Son las 8 de la mañana del mes de junio. Por el pasillo del instituto es difícil avanzar: Siempre, por estas épocas, significa un reto entrar en el aula; otro reto más conseguir un poco de silencio para que te escuchen. Todavía me sorprende tanta vitalidad, tanta fuerza. Las chicas se   abrazan y se besan como si hiciera tiempo que no se han visto, otras ya están contándose cientos de cosas, excitadas, riendo, dando gritos. Los chicos van   corriendo entre las mesas, o se agrupan en bandas algo más silenciosas, alrededor de los móviles. Algunos, los de 14 o 15, ya están con las chicas... puedo ver cuál de ellas lidera el grupo, cómo lo hace. Les indico que hemos de entrar en el aula: algunos se muestran irritados en extremo; otros, se muestran totalmente apáticos. La chica que lideraba el grupito se gira hacia mi y me dice, con un tono de voz alto y un pelín insolente: “ ¿es que no ves que estamos hablando de nuestras cosas?”. Hace 25 años, esta respuesta me hubie...

La trampa del pensamiento positivo.

Ya hace unos cuantos – bastantes- años que estamos inmersos en mensajes del estilo: Puedes tener cualquier cosa que quieras si estás dispuesto a renunciar a la creencia de que no lo puedes tener ; La gente a la que le va bien en la vida es la gente que va en busca de las circunstancias que quieren y si no las encuentran, se las hacen, se las fabrican; y todo tipo de pensamientos “positivos” que nos han conducido, erróneamente, a la fantsía de la omnipotencia. ¿Qué pasará entonces cuando la vida  nos sorprenda con acontecimientos inesperados? ¿Es que nos hemos de sentir culpables de haber fallado? ¿De no haber sido capaces de fabricarnos las circunstancias adecuadas? La trampa en la que hemos caído es pensar que todo cuanto ocurre está bajo nuestro control. Que podemos obtener cuánto deseamos – distinto de lo que necesitamos-  Para mí, ese es el pensamiento fantástico: creer que podemos controlar la vida, con  todas sus vicisitudes. Y para ello negamos todo cuant...