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Mostrando las entradas etiquetadas como piscopatologías

Vivir es fácil con los ojos cerrados

Es difícil mantener la serenidad en medio de un mundo que parece descomponerse, no sin antes ejercer su última violencia sobre nosotros: violencia económica, violencia política. Un mundo sin ética, donde la mentira goza del respaldo de los medios de comunicación y una mayoría prefiere no saber, no escuchar, no ver, no mirar, no sentir. ¿Cuál es el lugar de la conciencia? ¿Cuál su propósito? La conciencia nos vuelve lúcidos, si, y también vulnerables. Nos coloca en el lugar de la acción, y no de la pasividad. Nos hace ser empáticos con el dolor y el sufrimiento, nos indigna la injusticia, el robo, la mentira, la corrupción, nos desespera la impotencia, la destrucción, la muerte atroz, la guerra siempre, la crueldad. Y mucho más ahora, cuando la presencia de la red de la que somos parte se hace tan evidente; internet nos permite vivir conectados a lo social, a lo externo. Y el momento es convulso y difícil, no sólo a nivel local. A veces, lo social es un espejo que amplifica una...

en-REDados en las redes sociales

Los seres humanos necesitamos sentirnos integrados dentro de un grupo social, como la familia o los amigos. Necesidad de pertenencia  y de recibir  afecto dentro de cada grupo. Esto es lo que hace que sea tan importante para nosotros sabernos acogidos por nuestra familia, por nuestros amigos, por nuestros compañeros de trabajo o de estudios.  Saber que pertenecemos a un colectivo nos ayuda a superar los sentimientos de soledad y alienación y nos conecta con el amor y el reconocimiento. La frustración de esta necesidad fundamental da lugar a desajustes personales y a estados psicopatológicos. Estados que serán difíciles de superar y transitar si no aprendemos a reconocer la emoción primaria que nos embarga,  legitimarla y, desde luego, gestionar su expresión. Reconocer  la emoción primaria es una tarea ardua que requiere mucha conciencia y, a menudo, acompañamiento terapéutico. Es necesario que nos preguntemos cómo vivimos la experiencia de la soleda...