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Madres (im)perfectas

Las consecuencias de la imagen   ideal de la “madre perfecta” que muchas mujeres nos imponemos, genera en nosotras mucha culpa, frustración, y ansiedad. Ya no se trata solamente de saber “hacer croquetas”, no. El ideal va mucho más allá. Las madres perfectas leen todo cuanto aparece en el mercado acerca de cómo criar y educar un hijo; arrasan las bibliotecas, puesto que la maternidad es ese oficio en el cual “primero ejerces y luego te sacas la carrera”. Las madres perfectas intentarán saber no sólo cómo alimentar a su hijo equilibradamente, sino también saber cómo ocuparse de su educación , de su ocio , de sus emociones , de sus manualidade s, de sus deberes . No es extraño que utilicen el plural para referirse a los trabajos escolares, “tenemos un trabajo” . Por no hablar de la competitividad que se desata  con los grupos de WhatsApp de las madres del colegi o. Intentado controlar que todo sea perfecto para nuestr@ hij@, ya que, en definitiva, eso habla de no...

Y tú, ¿qué te dices a ti mismo?

Las cosas que nos pasan en el presente son un eco de aquello que vivimos en el pasado, ya que nos comportamos en el presente según las experiencias vividas , que dejan en nosotros una profunda huella de la que no tenemos consciencia. Una de las técnicas que se utilizan para adiestrar y domesticar a los elefantes es la siguiente. Cuando el elefante es pequeño, el cuidador lo ata con cadenas de hierro a gruesos árboles. El animal, lleno de curiosidad y vida, tira de la cadena con todas sus fuerzas para liberarse. Como es pequeño, no tiene la fuerza suficiente para arrancar el árbol. Así que sus esfuerzos son en vano. La pequeña cría, por más que lo intenta, no consigue soltarse. Paulatinamente, va perdiendo su ambición, su deseo. Hasta que, finalmente, se da cuenta de que no puede. Cuando el elefante es adulto, su cuidador sustituye la pesada cadena por una cuerda. Ya no necesita amarrarlo a un árbol grueso o pesado. Puede dejarlo atado a un junco, si es preciso. El elefante ya no...

Algunas claves para tratar a tu hijo adolescente: comunicarse, o el arte de escuchar y ser escuchado.

Muchos padres se muestran desorientados, sorprendidos, sobrepasados ante la adolescencia de sus hijos. Parece que, de pronto, ya no reconocemos a nuestros hij@s. Se encierran en su habitación, los amigos se convierten en el centro de su universo, a veces son rebeldes, gritan y explotan, otras veces se tornan   huidizos y silenciosos, se demoran más de lo que quisiéramos en llegar a casa y se pasan el día enganchados a las redes. Esta es, en general, la visión que tenemos de la adolescencia. Sin embargo, es una de las etapas de la vida en la que experimentamos más cambios: un adolescente no sabe quién es. La única certeza que tiene es que està dejando atrás al niño que fue y todavía no puede dar la bienvenida al adulto que será, pues este se está gestando en su interior. En esta búsqueda de identidad, mira a sus iguales, que serán, en este momento, sus referentes. Y, paralelamente, va desmitificando a sus padres, que dejan de ser aquellos maravillosos personajes q...

Miedo y control

  El miedo es una de las emociones básicas que rigen nuestra vida. Al igual que las otras, el miedo cumple una función muy importante para nosotros: garantizar nuestra supervivencia. Hablar de miedo es hablar de las reacciones físicas que sentimos (desde palpitaciones, sudoración fría, tensión...) y de la reacción que emprendemos: huída, parálisis, ataque… Al nacer, pasamos de una sensación de omnipotencia (en la barriga, todas nuestras necesidades son satisfechas sin necesidad de hacer nada) a un estado de dependencia absoluta. Eso genera ansiedad, ya que el bebé necesita, sobre todas las cosas, asegurarse de ser cuidado. Para ello cuenta con su sonrisa y con su llanto, dos de los mecanismos del sistema de apego , el sistema con el cual venimos “equipados” de serie para conseguir vincular. Porque sin vínculo, sin el otro, no sobreviviríamos. La neurología nos lo confirma: el cerebro del ser humano es un cerebro social , necesitamos otro cerebro para que e...

Morir en vida

“No basta con que un niño venga al mundo, hay que hacerlo nacer” Winnicot Existe todo un proceso para llegar a hacernos y ser personas. Es un proceso que el alma o la psique entre en el cuerpo,  un proceso que puede no llegar a darse. Es posible no nacer psíquicamente; Nuestra primera noción de nosotros mismos, del “yo”, nos viene dada por las sensaciones corporales: el bebé no tiene percepción de sí mismo; al contrario,  siente que es uno con la madre, no percibe sus límites corporales. Cuando se araña en la cunita, llora y se agita como si fuera otro quien le hubiera dañado. No tiene conciencia de que es su propio brazo, su manita. Nuestro primer yo es conciencia: “hay algo fuera que no soy yo”. Para que esta conciencia se desarrolle son necesarios unos cuidados suficientemente buenos: el bebé necesita ser acunado, necesita quietud, necesita continuidad. De otro modo, su angustia se dispara ya que no sabe qué va a pasar. Nacemos con las neuronas híper excitadas: l...

El sentido de las palabras:“te quiero “ y “perdón”

Rememorando su infancia, una mujer me relata cómo a los 4 años vivió  - “una noche que jamás olvidaré” – el momento en que su madre la abandonó. Recuerda todavía su propia angustia, cómo le pedía a su padre que dejara de golpear a la madre y cómo sus demandas no sirvieron de nada. El padre la llevó a vivir con los abuelos paternos, así que en una misma noche ella perdió su madre, su casa y, por extensión, lo que hasta entonces conocía como familia. A ese dolor, tremendo para una niña, se le añadió el dolor del abandono del padre.  Ella recuerda todavía cómo el padre, cuando venía a visitarla, le decía “te quiero”. Y como ella, agarrada a su mano, le imploraba y le suplicaba que no se fuera. En vano. Como adulta, a día de hoy, todavía recuerda el dolor de la espera, la contradicción entre la palabra amorosa y la conducta del padre, su ausencia prolongada. Solemos utilizar las palabras muchas veces sin ser conscientes de lo que para el otro significan, o del con...

Sobre el amor y las relaciones de pareja.

Releyendo a Clarissa Pinkola, “ Mujeres que corren con lobos ”, encuentro este bello relato sobre la Mujer Esqueleto. La historia de un pescador que, creyendo haber pescado un gran pez, descubre,  horrorizado, que en su anzuelo se halla enredado el esqueleto de una mujer. En el cuento aparecen varios elementos simbólicos acerca de la naturaleza del amor, entre ellos, la Mujer Esqueleto significa que en toda relación acontecen momentos de transformación y de cambio.  La autora nos propone un paralelismo: “ una parte de todas las mujeres y de todos los hombres se niegan a saber que en todas las relaciones amorosas la Muerte también tiene que intervenir ”. En efecto, pretendemos que en nuestras relaciones prevalezca siempre la primera fase, el enamoramient o. El momento en el cual todo parece posible, el momento de la ilusión  y también, por supuesto, de la fantasía . Huimos del conflicto, de lo que no es emocionante, de lo que nos asusta. Muchas relaciones termina...