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Identidad y desapego

A menudo, cuando nos presentamos ante los demás, hemos de responder a esta pregunta implícita: ¿quién soy?. Llevo unos días poniendo especial atención a las respuestas que damos, ya que me parece curioso todo aquello con lo que nos identificamos. Yo soy el nombre que me han puesto. Yo soy el trabajo que realizo Yo soy mis relaciones Yo soy mi historia familiar Y, en el caso de gente que se ha formado o tiene nociones del eneagrama,   yo soy este determinado eneatipo. Como últimamente  estoy más instalada en el desapego,  empiezo a darme cuenta de que en estas respuestas existe una confusión básica, que  es identificar nuestra persona, nuestro “yo” con nuestra actividad. Me explico: yo no soy Nuria. Ese es el nombre que llevo puesto y que me distingue, en determinados contextos, de otras mujeres. Es el nombre al que he aprendido a responder y el que figura en mis documentos. Pero no SOY un nombre. Trabajo como profesora, pero no SOY prof...

La trampa del pensamiento positivo.

Ya hace unos cuantos – bastantes- años que estamos inmersos en mensajes del estilo: Puedes tener cualquier cosa que quieras si estás dispuesto a renunciar a la creencia de que no lo puedes tener ; La gente a la que le va bien en la vida es la gente que va en busca de las circunstancias que quieren y si no las encuentran, se las hacen, se las fabrican; y todo tipo de pensamientos “positivos” que nos han conducido, erróneamente, a la fantsía de la omnipotencia. ¿Qué pasará entonces cuando la vida  nos sorprenda con acontecimientos inesperados? ¿Es que nos hemos de sentir culpables de haber fallado? ¿De no haber sido capaces de fabricarnos las circunstancias adecuadas? La trampa en la que hemos caído es pensar que todo cuanto ocurre está bajo nuestro control. Que podemos obtener cuánto deseamos – distinto de lo que necesitamos-  Para mí, ese es el pensamiento fantástico: creer que podemos controlar la vida, con  todas sus vicisitudes. Y para ello negamos todo cuant...

Tiempo y silencio

Se acerca la Navidad. Lo sé porque mi hija me pregunta qué me gustaría que me regalaran. Y me sorprendo cuando veo que no deseo nada en especial. O, mejor dicho, no necesito "cosas". Lo que valoro y necesito es tiempo. Horas vacías en las que perderme: mirar el techo, quizás salir a dar un paseo, tumbarme a leer una novela, rebuscar entre mis libros de poesía aquellas que más me han acompañado. Y silencio, por favor. El silencio es hermoso, si. Es en el silencio donde podemos tomar conciencia de lo que nos sucede. Silencio y tiempo nos permiten entrar en contacto con nosotros mismos; son la puerta de acceso a nuestra persona, esa que habita bajo la máscara, bajo el disfraz. Para algunos, incluso, entrar en contacto significa percibir que hay una persona atrapada bajo un traje. Y que a veces, ese traje es estrecho; nos hace la vida incómoda, nos atrapa. Necesitamos tiempo y silencio para recordar quienes somos: para observar cómo es la vida que llevamos y si se parece...

La voz a tí debida

Cuando era adolescente, me gustaba mucho un poema de Salinas que dice lo siguiente: Quítate ya los trajes,  las señas, los retratos;  yo no te quiero así,  disfrazada de otra,  hija siempre de algo. Te quiero pura, libre,  irreductible: tú . Entonces, yo no podía comprender el profundo significado de esas palabras. Captaba algo así como su melodía de fondo, un eco. Ahora, con medio de siglo de vida a mis espaldas, han cobrado un significado diferente. Quitarse los trajes, las máscaras que nos hemos ido poniendo para enfrentar la vida, con más o menos arte, y quedar así, desnudos, frente a otro. Ese es el valor de la transformación, y, a veces, viene acompañada de otro amigo, la plenitud. Ser, sencillamente, sin tener que preocuparse por cómo ser. El agua no se preocupa del camino que recorre, fluye libremente. Como el río, a veces el camino de la vida es más angosto, más abrupto, más difícil. Otras, en cambio, recorr...

Cuando el cuerpo te habla

Cuando no reconocemos nuestras necesidades más profundas, nuestro cuerpo acaba chillando más y más fuerte para atraer nuestra atención. El mensaje que te dé tu cuerpo estará en el lenguaje que mejor rompa tus barreras particulares y hable concretamente de los asuntos que necesitas cambiar en tu vida. La sabiduría de este sistema es muy precisa: atraemos exactamente la enfermedad o el problema que más nos facilita el acceso a nuestra sabiduría interior. La naturaleza trata de despertarnos Para las mujeres, el cuerpo intentará atraer nuestra atención mediante cuatro tipos de llamadas a despertar que van creciendo en intensidad. La primera llamada a despertar es el síndrome premenstrual.  Esta es la manera que tiene el cuerpo de darle un codazo cada mes a la mujer, para recordarle el creciente volumen de problemas no resueltos que va acumulando dentro de ella: desde una nutrición desequilibrada hasta problemas de relación. Hacer caso omiso de estos primeros codazos, mes tras me...

Vivir es fácil con los ojos cerrados

Es difícil mantener la serenidad en medio de un mundo que parece descomponerse, no sin antes ejercer su última violencia sobre nosotros: violencia económica, violencia política. Un mundo sin ética, donde la mentira goza del respaldo de los medios de comunicación y una mayoría prefiere no saber, no escuchar, no ver, no mirar, no sentir. ¿Cuál es el lugar de la conciencia? ¿Cuál su propósito? La conciencia nos vuelve lúcidos, si, y también vulnerables. Nos coloca en el lugar de la acción, y no de la pasividad. Nos hace ser empáticos con el dolor y el sufrimiento, nos indigna la injusticia, el robo, la mentira, la corrupción, nos desespera la impotencia, la destrucción, la muerte atroz, la guerra siempre, la crueldad. Y mucho más ahora, cuando la presencia de la red de la que somos parte se hace tan evidente; internet nos permite vivir conectados a lo social, a lo externo. Y el momento es convulso y difícil, no sólo a nivel local. A veces, lo social es un espejo que amplifica una...

Maternidad: el trabajo más difícil del mundo.

Mi hija mayor cumple 20 años. Rebuscando entre mis escritos, tropiezo una y otra vez con la huella de sus pasos: sus primeros garabatos, sus primeras letras, los dibujos dedicados, las notas de adolescente. No he podido evitar la nostalgia, las ganas de abrazar a la niña que fue,  de sentarla en mi regazo, de llenarla de besos, de atender sus miedos, de acompañar sus logros. Recuerdo su infancia como una época muy difícil para mí…en primer lugar, por la depresión que me atravesó cuando su padre decidió marcharse de nuestras vidas. En segundo lugar, por la dificultad de salir adelante sola, sin abuelos, tíos, primos o amigos en un pueblo donde no conocía a nadie, con dos niños pequeños a mi cargo. En aquél momento, la vida consistía en hacer malabarismos: buscar canguros para que se ocuparan de mis hijos por las mañanas,  dejarles a comer en la escuela , rezar porque no enfermaran. Si había de hacer alguna cosa extra, eso significaba más canguros que se ocuparan de e...